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Dos segundos, globo y misterioso culpable: las incógnitas detrás de la muerte de Gagarin en la catástrofe del siglo

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El primer hombre en el espacio estaba recuperando sus habilidades de piloto cuando saltó a la eternidad.
Dos segundos, globo y misterioso culpable: las incógnitas detrás de la muerte de Gagarin en la catástrofe del siglo

Corre el 27 de marzo de 1968 y la tripulación de un caza MiG-15 en versión de entrenamiento vuela en los cielos de la provincia de Vladímir. Si bien es un ensayo regular sin virajes inimaginables, la persona frente a los mandos esencialmente intenta recuperar sus habilidades de pilotaje para obtener el permiso para vuelos en solitario. El que controla el caza es Yuri Alekséyevich Gagarin. Empero, el primer cosmonauta del mundo, que hace siete años abrió la era espacial para la humanidad, no está solo: detrás de su silla está Vladímir Sergéyevich Serioguin, el destacado piloto soviético, veterano de la Gran Guerra Patria y jefe del regimiento de entrenamiento de vuelo para los cosmonautas soviéticos.  

Son las 10:30 de la mañana y Gagarin, con el alias de vuelo 625, reporta con tranquilidad a la torre de control en el aeródromo de Chkalovskiy, en la provincia de Moscú, sobre la culminación de los ensayos en la zona de pilotaje asignada a una altura de unos 4.200 metros, recibiendo la luz verde para volver al aeródromo desde el cual despegaron poco antes. Sin embargo, un minuto después del último contacto radial, el caza MiG-15 se estrella en picada contra el suelo en un ángulo de 50-55 grados, a una velocidad aproximada de entre 600 y 660 kilómetros por hora, a tres kilómetros del poblado de Novosiólovo, en la provincia de Vladímir. Y, aunque la marca del avión, según algunos reportes, sigue en el radar unos 13 minutos más con un rumbo diferente al reportado por Gagarin, pronto todos se dan cuenta de que acaban de presenciar lo que tanto temían: el primer cosmonauta no responde. Y jamás volvería a hacerlo

El silencio engendra chismes

Asesinado por agentes de sabotaje estadounidenses. Eliminado por agentes del KGB bajo las órdenes directas de Leonid Brezhnev. Secuestrado por los extraterrestres tras chocar con uno de sus aparatos. Muerto incluso antes del fatídico vuelo en un intento apresurado de los soviéticos de aterrizar en la Luna. Lo que acabamos de enumerar es solo una muestra de las teorías sensacionalistas que surgieron tras la muerte de Gagarin que, junto con las investigaciones aeronáuticas sobre el accidente, forman una enorme bola hecha de verdades, mentiras y verdades y mentiras a medias. Empero, casi seis décadas después de la tragedia, la incógnita de por qué se estrelló aquel MiG-15 sigue sin respuestas claras. 

Los disparates mediáticos y los chismes entre la gente aparecieron, en parte, debido a que los resultados de los numerosos peritajes realizados tras el accidente no se hicieron públicos, al tiempo que casi nadie vio los restos de pilotos, ya que fueron cremados casi inmediatamente después del siniestro. Mientras, la figura de Gagarin de por sí requería respuestas. Y, ya que las estructuras oficiales soviéticas decidieron no desclasificar por completo los archivos, los rumores crecieron sin parar. Sin embargo, hoy, en esta nueva edición de 'Huellas Rusas', intentaremos dejar aparte lo misterioso y focalizarnos en este conjunto de factores que llevaron aquel caza con Gagarin a bordo a clavarse en la tierra. ¡Poyéjali!

¿Un cosmonauta que volvió a aprender a volar?

Empecemos con algo obvio. Después de su primer y único vuelo al espacio de 108 minutos, Gagarin no pertenecía a sí mismo en cierto modo. Visitas, prensa, la interminable luz de las cámaras: era una estrella cósmica, un estatus para el que claramente no estaba preparado. Y sí, cuando el teniente primero Gagarin volvió a la Tierra fue ascendido a mayor, y en 1964, a los 30 años, ya había alcanzado el grado de coronel. Era una carrera galopante para un piloto en tiempos de paz. Y el propio Gagarin entendía perfectamente que por su estatus privilegiado recibía muchas prebendas.  

A pesar de que su uniforme de gala seguía cubriéndose de todo tipo de condecoraciones provenientes de diferentes partes del mundo, Gagarin, que para mediados de 1964 era diputado del Sóviet Supremo de la URSS, jefe adjunto del Centro de Preparación de Cosmonautas y simultáneamente jefe del grupo de cosmonautas soviéticos, aspiraba no solo a pilotar, sino a volver al espacio. Los testimonios de su entorno de aquellos años manifiestan que hasta cierto punto a Gagarin le dolía el alma haberse visto convertido en una especie de muñeca parlante, por decirlo llanamente, y quería no solo no perder, sino pulir aún más sus habilidades de pilotaje reales. 

Y es precisamente aquí donde hablaremos de las puras estadísticas de las horas de pilotaje del primer cosmonauta. En su camino hacia el cielo, Yuri Alekséyevich voló en aviones como el Yak-18 o el MiG-15: para octubre de 1955, pasó unas 42 horas en Yak, mientras que para noviembre de 1957 su experiencia total en Yak y MiG alcanzó un total de 586 vuelos, 166 horas y 41 minutos. Para octubre de 1959, la cifra llegó a las 265 horas de vuelo. 

Empero, tras el vuelo cósmico, las horas de Gagarin en el cielo prácticamente dejaron de crecer. Los informes mediáticos que citan datos de archivos señalan que para finales de 1964 su tiempo total de vuelo llegaba a 379 horas desde el término de la escuela superior de aviación de Chkalovskiy. 

¿Qué le pasa a un piloto si no vuela lo suficiente? Lógicamente, pierde la destreza adquirida con tanto esfuerzo. Gagarin trataba de revertir esta tendencia, intentando volar más, si bien el total de horas de vuelo en el año 65 hasta el 67 estuvo lejos de los parámetros ideales, por lo que básicamente el primer cosmonauta de la historia empezó prácticamente desde cero, volando con instructores para poder recuperar el derecho a pilotar vuelos individuales. 

Antes de subir por última vez a la cabina del MiG, Gagarin tuvo que completar otra tarea: finalizar los estudios en la Academia de Ingeniería de la Fuerza Aérea de Zhukovskiy. "Tengo que dibujar y calcular mucho. Espero que no me distraigan. Tengo algunas ideas interesantes, debería comentarlas con mi supervisor. Trabajamos siete días a la semana. Pienso en mi tesis todo el tiempo; no se me ocurre nada más. Los profesores dicen que tengo material suficiente para dos tesis. Pero necesito una, la de verdad, la mía", apuntaba Gagarin, quien finalmente en febrero de 1968 defendió el diploma con la certificación de las aptitudes de piloto-ingeniero-cosmonauta. Ahora sí que podía volver al aeródromo. 

Hora 'H'

Para el día 27 de marzo, estaba previsto que Gagarin realizara sus primeros dos vuelos en solitario en muchos años en un caza MiG-17. Sin embargo, sus supervisores, particularmente Nikolái Kamanin, el legendario piloto soviético, héroe de la URSS y jefe de preparación de los primeros cosmonautas, insistió en que antes del vuelo autónomo sería mejor verificar otra vez sus capacidades de en un vuelo con instructor, asignando para esta tarea al experimentado Vladímir Serioguin. 

Las crónicas de aquellas horas previas al vuelo apuntan a que Serioguin, que aparentemente padecía una serie de problemas de salud, un factor a tener en cuenta, tuvo que preparar el MiG-15 UTI con número de cola 18 y dos tanques de combustible externos capaces de llevar hasta 260 litros cada uno. La jornada del 27 de marzo, el tiempo tampoco favorecía a los pilotos, que despegaron desde el aeródromo a las 10:19 sin ni siquiera esperar la transcripción de datos que llevó consigo un avión de reconocimiento del clima que había aterrizado un par de minutos antes. 

El programa de pilotaje para el caza, con una maniobrabilidad reducida por tener los tanques suspendidos, no era difícil y servía de prueba para revisar cómo Gagarin efectuaba una serie de maniobras básicas de piloto de combate. Particularmente, el ejercicio incluía pilotaje con ejecución de giros, pequeños giros en espiral, picados, virajes de combate, toneles, vuelo a velocidad evolutiva (velocidad mínima de vuelo horizontal). 

Para ello, tenían unos 20 minutos en la zona asignada. Sin embargo, cuatro minutos después, Gagarin, volando a una altura de 4.200 metros, dijo haber completado las maniobras y solicitó el rumbo de 320 grados, es decir, hacia la base. Tras recibir luz verde, desde la cabina del MiG-15 salen las últimas frases: "Entendido, ejecutando".

A las 10:32, un minuto después del último contacto, el caza acaba cortando abedules y estrellándose en una zona boscosa, mientras intentaba salir infructuosamente de una barrena de pérdida bajo condiciones meteorológicas adversas. Los equipos de búsqueda y rescate activaron sus protocolos después de que, según los cálculos, el avión hubiera quemado ya todo su combustible

El lugar del siniestro no fue encontrado hasta varias horas después a unos 60 kilómetros del aeródromo de Chkalovskiy. Los helicópteros de rescate solo pudieron aterrizar a un kilómetro del enorme cráter que se formó tras la catástrofe: el avión se había hundido profundamente en el suelo, provocando una enorme explosión e incendio. Buscar los restos de pilotos no fue tarea fácil: los equipos encontraron primero a Serioguin, y se tardó más tiempo en hallar a Gagarin, por lo que durante unas horas hubo la esperanza de que el primer cosmonauta podría haberse eyectado. 

"Por la noche, fuimos en vehículos todoterreno y llegamos al lugar. Solo encontramos rastros de Serioguin en el lugar. Y hallamos una billetera y un portapapeles que pertenecían a Yuri Gagarin. Buscamos durante toda la noche, gritando con la esperanza de que tal vez se hubiera eyectado. Y por la mañana, encontramos rastros de Yuri Gagarin", recordaba Alexéi Leónov, cosmonauta soviético y el primer hombre en realizar una caminata espacial. 

Tras varias horas de búsqueda, hallaron un trozo de chaqueta ensangrentada en la que estaba la billetera de Gagarin perforada por los escombros del avión, su carnet del oficial del Ejército soviético, permiso de conducir y una pequeña foto de Serguéi Pávlovich Koroliov, el padre del programa espacial soviético. 

Así murió la esperanza. Yuri Gagarin saltó a la eternidad. El mundo conocerá esta noticia solo dos días después, el 29 de marzo con un mensaje que salió en el periódico Pravda.

Peritajes sin cesar

Los que sospechan que el Gobierno soviético no quiso investigar en profundidad las causas de la catástrofe están equivocados. Bien al contrario, se lanzó un peritaje exhaustivo con la implicación de los mejores especialistas de la industria para dar con las causas del siniestro. Fueron recogidos prácticamente todos los escombros del MiG-15 que, por cierto, no estaba equipado con cajas negras, que podrían haber arrojado luz sobre el desarrollo de las circunstancias segundo por segundo. Para julio de 1968, el caso contaba ya 29 tomos, si bien la principal pregunta seguía sin resolverse. 

"El 22 de julio se examinó el proyecto de resolución sobre el accidente de Gagarin. La redacción definitiva reza así: la causa probable del accidente fue la realización de una maniobra brusca para evitar entrar en el borde superior de la primera capa de nubes o desviarse de una sonda, lo que provocó que el avión entrara en regímenes de vuelo subcríticos en condiciones meteorológicas adversas", constata en sus diarios el general Nikolái Kamanin.

La conclusión de la comisión estatal que, vamos a repetirlo otra vez, indicaba como "causa probable" del siniestro una pérdida temporal de la capacidad operativa de la tripulación como consecuencia de la colisión del avión con un globo aerostático o de la realización de una maniobra brusca para evitar la colisión. En el peritaje, realizado por los mejores especialistas del sector, se subrayaba que la emergencia se generó de forma repentina y duró muy poco. Efectivamente, el avión, que momentos antes volaba a una altitud de 4 kilómetros, chocó contra el suelo en picada apenas un minuto después

Obviamente, tal desenlace del peritaje suscitó muchas preguntas, y algunos de los miembros de la comisión, incluidos varios cosmonautas, plantearon su objeción ante el Gobierno en una carta oficial para exigir que se siguiera con la investigación. Pero no hubo respuesta ni se publicó el dictamen oficial de la indagación, lo que, como hemos dicho, dio lugar a un sinnúmero de teorías de conspiración

La catástrofe que no aparecía en el horizonte

Pese a dejar más preguntas que respuestas, la pesquisa sí arrojó luz sobre varias cuestiones clave. Hasta el momento del choque, el MiG-15 iba con total normalidad en el funcionamiento de su motor, con revoluciones suficientes para mantener un vuelo horizontal sin indicios de destrucción de la estructura del aparato y el funcionamiento de los sistemas del avión bajo los márgenes establecidos. Los relojes de cabina y los relojes de pulsera de los pilotos permitieron establecer que la catástrofe ocurrió menos de un minuto después del último contacto de radio. Asimismo, se estableció que ni Gagarin ni Serioguin trataron de eyectarse hasta el final y estaban en condiciones para pilotar sin tener alcohol en su sangre. 

Stepan Mikoyán, destacado piloto de pruebas y miembro del comité investigador, recalcaba en sus comentarios que ni Gagarin ni Serioguin tenían adrenalina en su sangre a la hora de estrellarse: no sintieron miedo. Según él, fue Gagarin quien controlaba la aeronave en el momento fatídico. Asimismo, Mikoyán señalaba que la versión del globo meteorológico o una bandada de aves apareció casi de inmediato, y, efectivamente, aquel día se lanzó una sonda en dicha zona, pero en el terreno solo se encontraron aparatos viejos, mientras que los escombros del avión aparentemente no tenían señas de choque con el globo. 

La comisión estatal concluyó también, a base de experimentos, que pasar de 4.200 metros de altura hasta la superficie en un minuto solo podría ocurrir en el caso de que el caza entrara en barrena de pérdida sin salir de ella hasta el momento del choque. ¿Intentaron salir los dos pilotos de ese crítico régimen de vuelo? Los informes oficiales de la agencia espacial rusa, Roscosmos, dicen que sí, pero también apuntan a que un piloto experimentado recupera una aeronave de este tipo de una barrena en unos 800 metros. Empero, intentar hacer lo mismo desde una altura de 400 metros, en la que el caza podría haber llegado intentando salir de la nubosidad, resulta imposible. 

Teorías chocantes

Las versiones que vamos a dar a continuación tienen nada o poco con las conspiraciones que giran en torno a este caso. Sin embargo, incluso estas suposiciones y los reportes mediáticos a menudo tienen incongruencias y se contradicen entre sí, pero todos coinciden en algo muy simple: quieren encontrar la causa exacta de esta tragedia. 

Quizá, la más famosa es la teoría a la que se aferró durante toda su vida el cosmonauta Alexéi Leónov, quien defendía ferozmente que Gagarin y Serioguin fallecieron por culpa de otro piloto que en la zona de vuelos volaba un caza supersónico (y aquí hay cierta confusión, porque unos, incluido el informe oficial, dicen que fue un Su-11, mientras que otros apuntan a un Su-15).

Este avión, que había despegado desde el cercano aeródromo de Zhukovski, presuntamente violó el régimen de vuelo, al descender muy por debajo de su zona permitida, luego activó la postcombustión para volver a su nivel y pasó muy cerca del caza de Gagarin y Serioguin a velocidad supersónica, por lo que la turbulencia provocada por su paso hizo que el MiG-15 entrara en espiral, al ser arrastrado por el chorro reactivo. 

Leónov, que murió en 2019, afirmó hasta el final de su vida que sabía el nombre del presunto culpable. No reveló su identidad, porque, según aseguraba, así se lo prometió a las autoridades para no manchar el historial del piloto, que en el año 1988 obtuvo la medalla del Héroe de la URSS. Según el cosmonauta soviético, el piloto del Sukhoi no provocó el accidente intencionadamente, sino que se trató de temeridad y negligencia

Alexéi Arjípovich apuntaba también a una serie de otros factores que llevaron al avión de Gagarin a estrellarse, como el hecho de que su localizador de altitud presentara fallos intermitentes, lo que dio lugar a interpretaciones diferentes en el cielo, así como la existencia de dos tanques de combustible externos, que afectaban la capacidad de Gagarin para pilotar. No obstante, el núcleo de su teoría se centraba alrededor del caza Sukhoi. 

"Estuve presente en un experimento forense, cuando tres campesinos fueron interrogados por separado y cada uno señaló a una maqueta del Su-15. Tiene una forma peculiar, ala delta, un morro muy alargado, donde se ubica el radar. Dijeron: 'Esto es una balalaica, el avión parece una balalaica'. Emitió humo y luego fuego y desapareció entre las nubes. Ese hombre descendió, voló un rato, luego encendió los postquemadores y volvió a su nivel de vuelo normal. Al mismo tiempo, sin ver el avión de Gagarin, pasó a una distancia de 15-20 metros a velocidad prácticamente supersónica. La turbulencia del aire hizo que el avión de Gagarin volcara", insistía Leónov en una entrevista de 2016. 

Hay que decir que esta hipótesis, a la que se aferraba no solo Leónov, sino también otros especialistas del sector, se ha vuelto muy popular y, hasta cierto punto, creíble, si bien también muchos que se oponían a ella por las inconsistencias. De hecho, en los archivos del caso se menciona la presencia de un Su-11 supersónico que volaba en la misma zona. Sin embargo, según estos datos, el Sukhoi aterrizó en su aeródromo base a las 10:51, mientras que a las 10:34:20 se encontraba a una altura de unos 14.500 metros, es decir, muy por encima de Gagarin. La comunicación con el MiG-15 se interrumpió a las 10:31, a las 10:32 el avión se estrelló y solo dos minutos después, a las 10:34, el Su-11 entró en la zona de vuelos asignada para el aeródromo de Chkalovskiy de donde había partido Gagarin. 

Por su parte, Stepán Mikoyán, que era más proclive a la teoría del globo aerostático, sostenía que en los ensayos que simulaban la entrada del MiG en un flujo vertical mostraban que el caza sí experimentaba sacudidas, pero no llegaba a ser arrastrado a una barrena de pérdida. A su vez, en un documental de la agencia espacial rusa afirman que la entrada en la estela de un avión más pesado podría ocasionar una pérdida de control. 

Otra teoría, que también ha sido bastante popular entre algunos pilotos y cosmonautas, es que Vladímir Serioguin se habría sentido mal, perdiendo el conocimiento y bloqueando con su cuerpo los mandos de control. Por lo menos, así lo conjeturaba en sus memorias el as soviético Nikolái Kuznetsov, que en aquel entonces comandaba el Centro de Preparación de Cosmonautas. "El avión podría haber entrado en una espiral descendente, en la que Gagarin careció de la fuerza y altitud necesarias para recuperarse. Por su carácter, Gagarin no podía abandonar el avión, dejando a su compañero ante una muerte segura", argumentaba Kuznetsov.

Si bien en la investigación se afirmaba que tanto Gagarin como Serioguin no experimentaban problemas de salud en el momento del choque y estaban conscientes, lo que añadía el peso a esta suposición era el hecho de que Gagarin pasara solo cuatro minutos en la zona de vuelo, en vez de los 20-25 asignados. Es imposible ejecutar las maniobras programadas en este margen, por lo que algunos pilotos, al igual que Kuznetsov, concluyeron que hubo algún problema a bordo, citando los problemas de corazón o úlcera de Serioguin. Además, la peculiaridad del MiG-15 UTI era que el que estaba sentado en la cabina trasera debía eyectarse primero. O sea, si Gagarin se hubiera catapultado primero, el instructor Serioguin ya no habría podido hacerlo

Hay toda una serie de hipótesis más. Una se centra en que el MiG-15 accidentado no estaba adaptado para vuelos de entrenamiento, sino para realizar eyecciones de cosmonautas durante su periodo de formación y, para ello, se habría quitado la palanca de mando en la cabina del instructor. Otra teoría apunta a una manija de la válvula de ventilación supuestamente mal colocada. De abrirse accidentalmente, se provocaría la despresurización de la cabina y, por consiguiente, los tripulantes perderían el conocimiento. No obstante, tanto pilotos como Stepán Mikoyán como ingenieros descartaban la despresurización como factor clave del accidente, aunque en el lugar de la catástrofe solo se encontró un 38 % del acristalamiento de la cabina, lo que sugería que la cubierta de la carlinga podría haber empezado a destruirse en vuelo tras un posible choque con una sonda. 

Obviamente, se puede rebuscar un sinfín de conjeturas más, pero ya no tiene sentido. Los MiG-15 ya no surcan los cielos en misiones de combate, mientras que Gagarin y Serioguin completaron su irreversible salto a la eternidad. Algún día, los archivos sobre la tragedia se desclasificarán por completo, reavivando el interés del público hacia el tema. Cada uno está en su pleno derecho a elegir, según sus criterios, la versión más creíble. En una nota de Roscosmos se acentúa lo siguiente: "Al encontrarse en una situación crítica, ambos pilotos no solo mantuvieron la calma, sino que hicieron todo lo posible por salvarse. Durante varios segundos, Yuri Gagarin y Vladímir Serioguin, actuando de forma coordinada, lucharon por sus vidas, logrando sacar el avión de la picada, a pesar de estar sometidos a importantes fuerzas G. Les faltaron 200 metros para alcanzar la altitud deseada: dos segundos de vuelo". Yuri Gagarin se estrelló el 27 de marzo, el día de cumpleaños de su padre, quien fallecería un lustro después.

Un mensaje para la familia, pero también para la humanidad

Eso no es todo. Terminar un episodio sobre Gagarin solo puede hacerlo el propio Yuri Alekséyevich, quien sigue cautivando con su mirada sonriente a millones de personas tanto en Rusia como alrededor del mundo. Dos días antes de su primer y único vuelo al espacio en abril de 1961, escribió una misiva a su esposa Valentina y sus dos hijas, Elena y Galina. Al principio, pensamos en redactarla, recortando algunas partes, pero decidimos reproducirla de forma íntegra. Les dejamos esta carta de despedida de Gagarin a su familia, que su mujer leyó en 1968, tras la catástrofe del MiG-15. 

"¡Hola, mis queridas y amadas Valya, Lena y Galya! He decidido escribirles unas líneas para compartir con vosotras y disfrutar juntos de la alegría y la felicidad que me han sobrevenido hoy. Hoy, la comisión gubernamental ha decidido enviarme al espacio como el primer cosmonauta. ¿Sabes, querida Valya, qué feliz estoy? Y quiero que vosotras también lo estéis conmigo. ¡A un simple hombre le han confiado una tarea estatal tan importante: abrir el primer camino hacia el espacio! ¿Se puede soñar algo más? ¡Al fin y al cabo, esto es historia, es una nueva era!

Dentro de un día tengo que partir. Para entonces, vosotros estaréis ocupadas con vuestras cosas. Sobre mis hombros recae una tarea muy importante. Me gustaría pasar un rato con vosotras antes de partir, hablar contigo. Pero, por desgracia, estáis lejos. Sin embargo, siempre os siento cerca de mí.

Confío plenamente en la tecnología. No debería fallar. Pero a veces, sin más, una persona se cae y se rompe el cuello. Aquí también podría pasar algo. Pero yo, por ahora, no lo creo. Bueno, y si pasa algo, os pido a todas vosotras, y en primer lugar a ti, Valya, que no os matéis de pena. Al fin y al cabo, la vida es la vida, y nadie tiene la garantía de que mañana no le atropelle un coche. Cuida, por favor, de nuestras niñas, ámalas como yo las amo. Haz que crezcan, por favor, no como niñas delicadas, ni como hijas de mamá, sino como personas de verdad, a las que no les den miedo los baches de la vida. Haz que crezcan personas dignas de la nueva sociedad: el comunismo. En esto te ayudará el Estado. Bueno, y tu vida personal, organízala como te dicte la conciencia, como consideres necesario. No te impongo ninguna obligación, ni tengo derecho a hacerlo. 

Esta carta está quedando demasiado lúgubre. Yo mismo no creo en esto. Espero que nunca veas esta carta y me avergonzaré ante mí mismo por esta fugaz debilidad. Pero si ocurre algo, debes saberlo todo hasta el final. Hasta ahora he vivido con honestidad, sinceridad y en beneficio de la gente, aunque fuera en pequeña medida. Hace tiempo, cuando aún era niño, leí las palabras de Valeri Pávlovich Chkálov: 'Si hay que ser algo, hay que ser el primero'. Por eso me esfuerzo por serlo y lo seré hasta el final. Quiero, Válechka, dedicar este vuelo a la gente de la nueva sociedad del comunismo, en la que ya estamos entrando, a nuestra gran Patria, a nuestra ciencia.

Espero que dentro de unos días volvamos a estar juntos, que seamos felices.

Válechka, por favor, no te olvides de mis padres; si tienes la oportunidad, ayúdalos en lo que puedas. Dales de mi parte un gran saludo, y que me perdonen por no haberles dicho nada de esto, pero no les correspondía saberlo. Bueno, parece que eso es todo. Adiós, mis queridas. Os abrazo y beso muy fuerte, con cariño, vuestro papá y Yura".

Si quieren conocer más historias de este tipo, pueden escucharlas en el pódcast 'Huellas rusas', disponible en la mayoría de las plataformas correspondientes.

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