El 'Global Investment Returns Yearbook 2026' ('Anuario de Retornos de Inversiones Globales', en español) de UBS tiene la respuesta definitiva a una pregunta constante entre los inversores: ¿qué activo financiero es el más rentable?
Tras un seguimiento de 126 años, que compara series históricas entre países y clases de activos, se determinó que las acciones están en el tope de la pirámide, seguidas por los bonos y las letras del Tesoro. El estudio compila los retornos reales con una metodología que permite visualizar el desempeño acumulado y anualizado, en distintos entornos económicos.
El responsable de la investigación, Dan Dowd, recalcó que las recompensas son a largo plazo y se miden tras contrastar los rendimientos de los mencionados instrumentos, así como el desempeño de las divisas y el oro.
"Esta perspectiva histórica es especialmente importante en un momento en que la concentración del mercado, el cambio tecnológico y la incertidumbre geopolítica son elevados", dijo Dowd, citado por Bloomberg.
Los reyes del rendimiento
Para mostrar por qué las acciones están en la cima del ranking, el estudio pone el siguiente ejemplo: una inversión inicial de un dólar en ese activo en 1900 habría alcanzado unos 124.854 dólares en términos nominales a finales del año pasado.
En ese período, los bonos habrían alcanzado los 284 dólares, mientras que las letras se ubicarían en 69. En paralelo, la inflación habría terminado en 38 dólares. De este modo, el índice de UBS otorga una rentabilidad anualizada de 5,3 % para las acciones y de 1,7 % para los bonos en 126 años.
Del mismo modo, la prima de riesgo de las acciones frente a las letras del Tesoro estadounidense se ubicó en 4,8 %, lo que implica que el riesgo asumido fue compensado por el retorno. El parqué más atractivo fue el de EE.UU., que generó una rentabilidad de 6,6% anual en el período estudiado, la más alta en moneda común de las contempladas en el estudio.

No obstante, se advierte que el desempeño no se puede extrapolar y que la concentración actual añade una variable a considerar: 64,4 % del valor bursátil global está en manos de ese mercado. En esa línea, el estudio recomienda cautela de cara al futuro.
La regla que sí permanece estable, de acuerdo a los datos, es que "aunque los mercados y las tecnologías evolucionan, los principios fundamentales de una inversión exitosa perduran", dice Mark Haefele, director de Inversiones de UBS Global Wealth Management. Por eso, la renta variable es la joya de la corona: las acciones superan a lo bonos, estos son más rentables que las letras y la relación entre riesgo y retorno reaparece como constante.
¿Y los mercados emergentes?
Los registros históricos también arrojan claves sobre los mercados emergentes, con sus respectivos bemoles. En el período estudiado, las acciones de esos países mostraron un desempeño de 6,9 %, que contrasta con el 8,5 % de los desarrollados.
No obstante, entre 1960 y 2025, el comportamiento se invirtió: los emergentes superaron los desarrollados con rendimientos de 10,9 % frente a 9,6 % de los segundos. A este dato hay que agregar un matiz: en 1900, solo siete países se consideraban "en desarrollo", mientras que el año pasado, ya se contaban 66 en renta variable.
En conjunto, la rentabilidad real anualizada de los países emergentes fue de 3,8 % para las acciones y de -0,3% para los bonos. El mayor escollo fue la década de 1940, que implicó pobres resultados. Sin embargo, en lo que respecta a los bonos, los emergentes superaron el desempeño de los desarrollados después de la segunda mitad del siglo XX.

"La historia sigue demostrando la importancia de la diversificación, una asignación de activos disciplinada y el mantenimiento de una perspectiva a largo plazo", indicó Haefele. El estudio, además, deja claro que la trayectoria de una inversión no solo está sujeta al crecimiento económico, sino a factores como los shocks históricos, los cierres de mercado y los eventos extremos.
¿Y el oro?
En cuanto al oro, el desempeño revela que su precio en dólares se quintuplicó desde 1900, lo que se traduce en una rentabilidad real anualizada de 1,3 %. No obstante, las tasas reales se dispararon en los 54 posteriores a Bretton Woods —las normas económicas internacionales firmadas en julio de 1944— para países como Reino Unido, Suiza y EE.UU.
Por otra parte, hay dos datos a considerar: la capacidad de cobertura de este activo depende del régimen monetario y no siempre se corresponde con la inflación. De hecho, en 13 de los 28 años en que el índice de precios al consumidor fue superior al 3%, el oro tuvo rendimientos negativos.
A este panorama debe añadirse el impacto que pueden tener los riesgos geopolíticos sobre el desempeño de los activos. Por ejemplo, el shock petrolero de 1973 y 1974 coincidió con los peores capítulos de desenvolvimiento bursátil de toda la serie, aunque el análisis general no siempre encuentra correspondencia entre los niveles de amenaza y los retornos futuros en plazos cortos.
La regla infalible
Una de las claves para la supervivencia de las inversiones en contextos de variables imprevistas es la diversificación. Según el período estudiado, una combinación de activos basada en 60 % de aciones y 40 % de bonos se mantuvo alejada de caídas de más de 50 % en términos reales desde 1900.
El dato no es menor, ya que en ciertos momentos hubo pérdidas de más de 70 % para bonos y acciones por separado. Por eso, los expertos recomiendan a los capitales tener una mirada de largo plazo para no perder la perspectiva de los horizontes económicos en tiempos de incertidumbre.
"La edición de 2026 del Anuario de Retornos de Inversiones Globales refuerza el valor de utilizar la historia para comprender la dinámica actual del mercado", insistió Dowc.


