Este año, el Teatro Bolshói de Moscú, ícono de la cultura rusa y del mundo, celebra su 250.° aniversario, mientras sus artistas mantienen viva la tradición del ballet y la ópera, formando nuevas generaciones y llevando al escenario emociones incluso fuera de Rusia. Se trata de una vitrina del alma y el arte del país.
El teatro fue fundado en 1776 por la emperatriz rusa Catalina II la Grande, y la palabra 'bolshói' significa precisamente 'grande' en ruso, lo que refleja su escala y la estatura de los artistas que en él han encontrado un hogar, como, por ejemplo, la gran Maya Plisétskaya, a quien hoy se le rinde tributo en uno de los salones.

El equipo de RT visitó este templo de cultura para ver con sus propios ojos cómo nace el arte.
Las clases matutinas que imparte el artista ruso de ballet y coreógrafo Boris Akímov son primordiales para el día a día de los artistas: la jornada comienza con estiramientos, piruetas y la repetición sincronizada de movimientos que luego se incorporan a las obras en escena.
"De mano a mano, de pie a pie"
En su conversación con RT, el maestro expresó que representantes de la clásica escuela de ballet transmiten su experiencia a las generaciones más jóvenes. "Sí, los artistas cambian. En estos grandes ballets, como Espartaco e Iván el Terrible, entran nuestros jóvenes bailarines, y nosotros, que aún vivimos, les mostramos todo, lo transmitimos de mano a mano, de pie a pie. Y ellos lo llenan con su propia esencia actual", subrayó el artista que ha ayudado a formar las principales estrellas del Bolshói. Pasó de ser uno de los más célebres bailarines a 'mover los hilos' de casi cada obra.

"Tuve la suerte de llegar al teatro en ese momento, cuando [el destacado coreógrafo y director soviético Yuri] Grigoróvich estaba creando sus grandes obras. Fue el apogeo de la obra de Grigoróvich, la culminación. Me uní a ese grupo de grandes bailarines de ballet, fui el más joven de los que él eligió para sus obras. Y saben, soy un hombre y un artista afortunado porque él me eligió para sus estrenos y espectáculos", recordó sus primeros pasos en el gran ballet Akímov.
Magia del teatro
Cada año, miles de espectadores acuden a la sala principal del teatro sabiendo que serán testigos de un evento irrepetible. Tras bambalinas, los artistas pulen los últimos detalles, esta vez, para representar una interpretación moderna del 'Maestro y Margarita', basado en la obra literaria del escritor ruso Mijaíl Bulgákov. María Vinográdova, solista principal, compartió que, cada vez que sube al escenario, siente una gran responsabilidad. "Esta sala es tan mágica que te fundes con ella y sientes la energía del escenario, la energía del público, y siempre subo a mi escenario con gran calidez y nerviosismo", relató.

La vasta historia del Bolshói queda evidenciada también en las numerosas salas que rodean el escenario principal. En una de ellas, se pueden apreciar piezas del vestuario usado siglos atrás en obras como Romeo y Julieta o Espartaco. También se puede ver la batuta utilizada por el mismísimo compositor Piotr Chaikovski para dirigir su ópera Yevgueni Oneguin, basada en el texto homónimo del poeta ruso Alexánder Pushkin.
'Invasión' de la política
Hoy en día, la geopolítica ha invadido el arte hasta el punto de intentar cancelar la impronta de los ballets rusos en países occidentales. Los artistas del teatro constatan con pena este hecho y aseguran que son los espectadores de estas naciones quienes más pierden con tales acciones.

Así, el bailarín principal Artemi Beliakov resaltó que los coreógrafos más importantes occidentales, que han trabajado con el Teatro Bolshói, "siempre se comunican cordialmente con los artistas y lamentan profundamente que sus obras no puedan representarse en este escenario". "Y la situación es realmente sencilla: en Europa se les está impidiendo artificialmente trabajar. No son los coreógrafos quienes no desean colaborar con nosotros, sino algún tipo de maquinaria administrativa que crea dificultades allí, precisamente en su país de origen", lamentó.
Más allá de los retos actuales, las salas colmadas en la mayoría de los espectáculos dan fe de que las óperas y los ballets representados en el Bolshói seguirán siendo sinónimo de maestría y excelencia. Tanto el público como los artistas son conscientes de que el arte tiene el poder de transformar para bien la vida del ser humano.
