Rusia ha dado un gran salto poniendo en órbita los primeros 16 satélites de la gran constelación que constituirá 'Rassvet', su proyecto de Internet satelital, de la mano de la empresa rusa Biuró 1440.
Los dispositivos fueron posicionados en su destino orbital por un cohete Soyuz, quedando a unos 800 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre.
El proyecto, destinado tanto a usos militares como civiles, arrancaría su andadura comercial el año que viene, con el objetivo de convertirse en una alternativa a redes prácticamente monopólicas, como la estadounidense Starlink.
Alta tecnología y ventajas geopolíticas
La naciente red enlazará los satélites mediante láser infrarrojos, con una transmisión de datos de hasta 10Gbps.
Con esta tecnología de comunicación espacial, se reduce la dependencia de estaciones terrestres, por lo que los retardos acumulados entre la petición inicial y la respuesta final, lo que se conoce como latencia, se reduce significativamente.
Por otro lado, al estar situados en una órbita a 250 kilómetros por encima de los de Starlink, Rassvet cubre mayor superficie terrestre con menos satélites y, como extra, los dispositivos tienen mayor vida útil, al amortiguar los efectos de la fricción de la atmósfera sobre ellos.

Ese 'extra' de altura, además, otorga una ventaja al sistema de cara a mejorar las comunicaciones y la navegación en el Ártico, una región cada vez más relevante en el plano geopolítico. Así, el enjambre de satélites ruso fortalecería la capacidad de Moscú para operar en la Ruta Marítima del Norte, destinada a redefinir el comercio mundial.
Era cuestión de tiempo que surgiera un análogo ruso como contrabalance a Starlink
Después de la primera fase, ya en marcha y prevista para concluir en el año 2027, vendría otra en la que se daría un salto desde los, aproximadamente, 300 satélites iniciales hasta rozar el millar en la próxima década.
Esto, combinado con otra red satelital complementaria, situada en capas todavía superiores, es decir, en órbita geoestacionaria, ampliaría su arquitectura espacial, logrando ofrecer tanto comunicaciones con menos retardos como una cobertura más estable en todo el planeta.
La dimensión militar del proyecto
Además de sus aplicaciones civiles, que debido a la amplitud y capacidad del proyecto son prácticamente inimaginables (hablamos de un Internet global ‘hecho en Rusia’ dentro de dos años), a nadie se le escapa las potencialidades militares de Rassvet, en un momento donde el aspecto satelital de los conflictos bélicos es cada vez más y más determinante.
Así, Rusia estaría más cerca de disponer de un sistema automatizado (y vía satélite) de mando y control en el campo de batalla, completamente propio.
El énfasis ártico de Rassvet revela el cariz geoestratégico que estas comunicaciones espaciales-terrestres implican para Moscú
Aunque muchos se refieren al proyecto como "el Starlink ruso", en realidad se trata de mucho más que eso: indudablemente, por un lado, sobre todo en sus aplicaciones puramente civiles, obvio que sí tiene el objetivo de convertirse en un competidor de la red satelital surgida de SpaceX, con miras especialmente a despertar el interés en el Sur Global, ofreciendo un servicio de conectividad de alta calidad sin aplicar los clásicos chantajes de las corporaciones estadounidenses, que demasiado a menudo ofrecen sus productos y servicios de manera condicionada a no salirse de la agenda global marcada por Washington.
Por otra parte, el énfasis ártico de Rassvet revela el cariz geoestratégico que estas comunicaciones espaciales-terrestres implican para Moscú.

Su órbita subestacionaria y parcialmente enfocada a las regiones más septentrionales del hemisfero norte es toda una declaración de intenciones.
Finalmente, el aspecto militar no es menos clave. Starlink ha sido un factor relevante en el conflicto rusoucraniano, facilitando las comunicaciones al régimen de Zelenski en el campo de batalla, tanto con Biden como con Trump en la Casa Blanca. Por lo que era cuestión de tiempo que surgiera un análogo ruso como contrabalance.
Un amanecer
Pero lo que hace realmente diferente a Rassvet de Starlink es el concepto detrás de su propia razón de ser. Porque, mientras la red satelital estadounidense busca monopolizar ese tipo de comunicaciones a nivel global, la rusa nace con el objetivo primordial de afianzar la soberanía tecnológica rusa en un campo fundamental tanto para usos civiles como militares.
Más en un contexto en el que, no lo olvidemos, a pesar de haberlas sorteado en buena medida, Rusia sigue siendo la nación más sancionada de todo el planeta. Y esa realidad ha empujado al país a sacudirse todo lo posible cualquier dependencia externa en campos estratégicos, retomando la autosuficiencia perdida en diversos aspectos tras la desintegración de la Unión Soviética. Un buen ejemplo es el nuevo 'despegue' de la aeronáutica civil rusa, tras una pausa de alrededor de tres décadas.
Se trata de un auténtico despertar o, mejor dicho, en el caso de la red satelital que protagoniza este video, un auténtico amanecer. No en vano, en idioma ruso, Rassvet significa, precisamente, "alba" o "amanecer". Porque de eso se trata: del amanecer de Rusia hacia su plena soberanía e independencia tecnológica.
El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale.


